domingo, 7 de marzo de 2010

“EL MAYOR CRIMEN DEL HOMBRE ES HABER NACIDO”

Dícese que vivimos en el infierno, en un mundo frío, egoísta y violento, en que la única razón de vivir es concentrarse en coexistir como individuo, sin importar lo que los demás quieran, sin importar lo que los demás opinen, enfrascados en nuestros pequeños munditos de ego y avaricia, que a su vez, se masifican, haciendo una inmensa bola de maldad, grotesca, oscura, tremendamente poderosa.

Dícese que no hay salvación en este mundo, que estamos condenados por mandato divino, únicamente somos victimas de nuestros propios actos, siempre dependiendo de eso a lo que llamamos destino, flagelados desde la inocencia, y apretujados en este estropajo lleno de ramificaciones que no llevan a ningún lugar, si no a la muerte, a la guerra, a la destrucción, a la falsedad, a la mentira.

Dícese que no estamos seguros y nos arrimamos a aquello que parece una salvación, una salida, en esa pequeña luz, que mas que la salida, pareciera que es un tren a toda velocidad queriendo aplastarnos, para tornar nuestras cabezas en maja, en escoria, llenándonos de pan y circo, de ansias de ser mas inútiles, mas imbéciles, mas basura, y menos hombres.

Hagamos referencia a que a pesar de intentos burdos, no se ha logrado gran cosa, que no sea descubrir que estamos bañados en el chapopote de nuestras propias decisiones, y que fuimos paridos con la consigna de que en este mundo solo se viene a sufrir, a luchar para vivir, o viceversa, vivir para estar siempre luchando, ¿Qué caso tiene la vida?, ¿Qué caso tiene luchar por las cosas?, ¿Cuál es la única esperanza que me queda?, ¿Donde estas y como encontrarte?

Y he de convocar al filosofo Arthur Schopenhauer, cuyo conjuro dejó marca en la historia de la filosofía, al darse cuenta de esta podrida y muy manifestada realidad, afirmando como ya lo dije al principio, que vivimos en un mundo que si bien no es el infierno, es el mas fino retrato, el afirmaba que la vida estaba únicamente definida por la avaricia, y las ansias; la vida, es un frasquito de necesidades que tienen que satisfacerse de alguna manera, aun así sea pasando por donde se tenga que pasar, y únicamente regulado por una serie de reglas, normas y en pocas palabras, una hipocresía de alto nivel, llamada moral, y una mentira llamada ética.

Mas no hay que dejarse llevar por ese aparente mundo real, por que aunque no sea creíble, la vida tiene un sentido, uno muy difícil de alcanzar, y al cual no todos están dispuestos, y es mas, no son aptos para llegar.

El Arte, la salvación de unos pocos, los cuales están dispuestos a desenmarañarse, y romper las cadenas que aprietan el cuello de los que parecieran ser felices.

La apreciación puramente estética, que otorga el poder de jueces entre lo bueno y lo malo en el mundo,

Los artistas, los únicos que puede definir el orden de las cosas, o en palabras mejor utilizadas, los únicos que conocen el desorden de todas las cosas, y que únicamente aprecian, y no corrigen, pero que tienen el poder de que a través de su Arte, pueden expresar al mundo lo correcto y lo incorrecto, dar una salvación, o una simple opinión, dejando a consideración del ciego, las cosas que el artista ha visto.

Concluyendo entonces, que el mundo bien puede ser un infierno, y podemos estar dentro de la masa de egoísmo y avaricia, y es más, ser cómplices de la maldad. O bien encontrar la respuesta en lo que es puramente estético, en el Arte, y transformarse en jueces de las cosas buenas y las cosas malas, y es mas alentar la una o la otra.

Por mi parte, decido seguir la senda del mal, difundirlo y expandirlo, transformarlo y practicarlo, explotarlo y flagelarlo, por que a mi manera de ver las cosas… ser malo es bueno.

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